
Necesita huir, salir a caminar y pensar, a decir verdad ya había pensado demasiado.
Era el momento ideal para hacer la reflexión del mes, más aún si celebraré una fecha. Pensaba llegar a casa a escribirle una carta de amor, confesando lo bien que me siento y tantas de esas cursilerías, pero basta un OFF para cambiar la historia.
No todo fue maravilla ni felicidad en lo que va de este mes. A decir verdad, creo que hemos peleado más de lo que hayamos podido reír con sinceridad. Siempre sabía y sentía que debía de irme, de no continuar, algo en mi me decía que no tenía solución, que simplemente es un mal sueño, aún así, siempre me quedé, tratando de dar lo máximo en mí, o por lo menos eso creo.
Necesito sentarte frente a mí, y con tus ojos en mi cara, preguntarte tantas cosas. Para empezar… necesito saber con urgencia se eres feliz a mi lado.
Pero si es cuestión de confesar, necesito ser sincero yo también. Daré el ejemplo y seré yo quien empiece a decir todo antes que tú puedas terminar de respirar.
Confieso que soy muy celoso y desconfiado (Algo con lo que no nací, pero sí que sembraron en mí.), aunque casi nunca lo demuestra, a decir verdad, nunca lo demostré con las otras personas. Pero el tan solo verte reír con los demás como un día lo hiciste conmigo y que hoy ya no lo hagas más, me hace creer que algo está pasando, que algo no anda bien o que tal vez la monotonía mató eso que un día no enamoró y que hoy no sabemos cómo se llama.
Confieso que casi siempre armo un teatro involuntario jurando a los 4 vientos que me sueltes porque me iré, cuando por dentro sé que no lo haré.
A tu lado, aprendía a dejar de lado la vergüenza y dar por fin cara a los demás, demostrando que sí tengo sentimientos, que me puedo enamorar y que lo puedo demostrar sin miedo al qué dirán.
A tu lado, aprendía a tener correa y aguantarte los jodidos apodos, nada cariñosos hasta ahora.
A tu lado aprendí a mentir para poder estar a tu lado.
A tu lado, volví a soñar y creer en que no todo puede ser tan malo.
Confieso que te recuerdo más como la primera vez, cuando hablas siempre diciéndome lo feliz que podía llegar a ser, la felicidad que me esperaba. Soñaba con tus palabras, con esa realidad que me pintaste, soñaba ya contigo.
Me vuelvo a preguntar si en verdad eres feliz a mi lado. Si te sientes bien cuando estoy junto a ti. Si tu corazón late cada vez que me ves. Si estas enamorado.
Te confieso también que me siento mal cada vez que te escucho cantar una canción de desamor, que me aturde la menta cuando cantas a viva voz un decir adiós o te extrañaré, o tal vez lamentando una partida. Sé lo mucho que amaste a quien hoy ya no está contigo porque decidió volar.
Al igual que tú, también tengo un pasado, que aunque no esté presente, sé que aún no se va. Doy todo de mí por olvidar aquello que tú mismo llamaste masoquismo. Ahora me pregunto, como debo llamar al insistir y creer que todo irá mejor. Es que a pesar de todo, no me quiero dar por vencido… necesito luchar, sé que lo lograremos.
Te confieso también que detesto tu ironía y tu orgullo infundado. Nunca creí que siempre fuera así… siempre era yo el que nunca de su brazo a torcer, el terco y recio en su decisión. Contigo sin razón alguna me ablandé y empecé a disculparme aun sin tener la culpa, es que eran mis ganas de solucionar lo que tal vez ya no tenía solución.
Camino a casa, después de salir sin saber cómo, ya que no sabía si estábamos molestos, peleados, o qué. Tenía tantas ganas de llorar que lloré. Algo que procuro no hacer frente a ti aunque casi siempre lo hago. Mil ideas a la mente para escribir, tantas preguntas y confesiones a la vez. El quedarme en el carro y pasarme media hora de viaje, hicieron que olvidaran gran parte de ello. Pero siento que lo principal ya lo dije.
Ahora sí, aún con la desconfianza por ser como me veo, sólo me queda decirte que:
Lo siento, soy lo que ves, aquel negro que un 15 de abril por la madrugada de aquel viernes decidiste besar. Soy ese negro, flaco, ojeroso, cansado, pero con muchas ilusiones de algo nuevo al cual decidiste proponerle una relación el 31 del mismo mes y la cual acepté enamoradísimo el primero del mes siguiente a las cero cero horas.
Soy ese negro con el cual reíste más de 16 horas en aquellos viernes de rajes cuando todo iba bien.
Soy ese negro que osadamente decidió llevarte una Inka Kola bien helada disque para enamorarte.
Soy él, soy lo que ves, no sé si lamentar o agradecer no ser lo que tal vez quisieras ver o a quién quisieras ver. Soy yo, no tengo mucho para darte, ando de vacas flacas, sólo mil detalles que podría ofrecerte, aún con miedo… por cómo eres, no sé si siempre fuiste así o son producto del desamor.
Tengo mil ganas y con cada una, demostrarte como y cuanto te quiero.
Siento que te voy a amar como no tienes idea y creo que ya empecé, sólo así explico el que siempre quiera seguir adelante.
Está no es justamente una carta de amor ni nada que se le parezca, pero fácil y sentirás que me vez al leerlo si es que algún día llegas a hacerlo.
Feliz 1er mes por cierto.
Ah, lo olvidaba, detesto el que creas que cuanto la cagaste, tus besos serán la solución, créeme, un disculpa es más efectivo.
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