
Empezar a caminar y mentirnos un poco, tal vez no resulte grave, tal vez no sea el peor error. Tal vez si lo hacemos para recuperar esa confianza que un día decidimos perder, valga la pena. Siempre soñamos con esa famosa media naranja, pero no nos damos cuenta que ahí no hay más sorpresas. Mejor es salir, caminar y buscar al mismo tiempo que descubrir esa mitad diferente a nosotros, a ti, con la que combinemos bien, esa será la mejor opción.
Recuerdo que hoy no tenía ganas de nada, me sentía tan cansado y sin ganas que sólo quería dormir, dormir sin ser interrumpido, pero algo en mí me decía que perdería algo que no se puede recuperar. Así que con ese cansancio y esas pocas ganas, decidí ponerme algo liviano, un par de zapatillas, lavarme apenas la cara y mojarme el pelo para que no se note que no me lo lavo hace 3 días, cogí mis llaves, salí de casa y empecé a caminar, a caminar por donde nunca lo hago, a ver recorrer mi vecindario, mi distrito mi ciudad.
Sabía que no ganaría nada, que no encontraría mi media naranja por el camino ni alguien que me declare su amor. Sólo sentí las inmensas ganas de dormir y un gran dolor en los pies por caminar tanto durante todo el día, con sólo una botella de agua y un cereal para recuperar fuerza. Pensé en que sólo tenía que caminar. Eliminar algo que llevo por dentro, y que no se va y a la misma vez no quiero que se vaya cuando pido que desaparezca.
Sabía que había caminado mucho y que necesita regresar, pero ya no lo quería hacer, no quería regresar a casa, regresar al cuarto y poner una canción en el celular para dormir. Por un instante era yo, sólo yo, incluso dejé a mi soledad en casa, ella no me acompañaba, ni ella ni nadie, entonces dije porqué no. Empecé a correr, cada vez más rápido, tenía ganas de correr bajo la lluvia, pero no hubo gotas que ayuden a mi ilusión, la única lluvia que corrió junto a mí, fue esa lluvia de emociones que empecé a sentir cuando por un instante no pensé. Pero paré, paré porque me cansé, porque me faltó el aliento para seguir corriendo, porque sentí que hice lo que quise.
Si la gente pensó que estaba loco, tal vez no me importó, porque pasé una tarde junto a mí.
Las horas habían pasado, yo había dejado de correr, el cereal se había acabo y ya no tenía dinero para una cuarta botella de agua, así que necesitaba regresar. Quise dar media vuelta, pero no sabía hacia dónde. Me encontraba como en medio de la nada, como en un circulo con 20 puerta, sin saber cual elegir. ME CAGUÉ, fue me lo primero que pensé, pero necesitaba calma, así que sólo le di retro a mi rumbo y empecé a caminar sin prisa, aún no quería llegar.
Ya mi mente estaba lo suficiente en blanco y tanto blanco me hacía olvidar, así que decidí recordar, recordar y pensar que fue de mí, si todo esto por tratar de olvidar valía la pena o que si llegando a casa me sentaré en el ordenador, escribiré un poco y luego regresaré a lo que siempre. Sé que no nos podemos mentir por mucho tiempo, pero una tarde tal vez no para mí, ni para el recuerdo, simplemente para la nada, valía la pena. Era la primera vez que algo para la nada valía la pena.
Mi paseo ya había terminado, los letreros y las bocinas empezaban a sonar, era prueba de que regresaba a la ciudad, a mi vida, a la supervivencia porque así lo quiero.
Sentí que no había perdido el día, sentí que se lo había dado a la nada y que nada pasó, que nada sucedió, que fue como dormir, pero ahora dormiría otra vez, ahora sí bajo sábanas y en mi cama, más cansado que al principio, con más sueños, sin necesidad de una música que me recuerde a ti y me mate las ganas de llamarte, sólo echarme y despertar por que aún debo hacerlo.