martes, 13 de julio de 2010

La culpa de una pasión.

Si por un instante dejamos de culpar a los demás, si dejamos de actuar por nuestros impulsos y tratamos de manejar nuestras emociones o reacciones, nos daremos cuenta que esos actos de despecho, si es que lo quieres llamar así, no son culpa de nadie más que de nosotros mismos a cierto nivel.

El que una persona decida acostarse con otro no es culpa de quien te dejó, tampoco es culpa de quien acepto acostarse contigo, tampoco puede ser tu culpa, simplemente lo hiciste por las ansias de volver a sentir el placer que conduce estar en la cama con alguien.


Nada de lo que hagas en ese momento te hará olvidar a la persona que tanto amas, la decisión de acostarte con alguien, sólo te hará sentir placer, gozará ese momento y quedará tan cansado o cansada, que no querrás más que dormir, al despertarte, verás que nada pasó, y que todo sigue aún como ayer.


Será muy importante reaccionar ante cualquier respuesta desesperada, ante cualquier futuro acto. Debemos de descubrir que hasta la más mínima decisión, no puede llevar a perder lo que podemos recuperar. Y es esa dignidad que dejamos caer mientras recogemos nuestros lamentos.
De nada valdrá aquellos intento por querer buscarle remplazo a algo que no lo tendrá, sé que querrás recuperarte pronto y creerás que estando con alguien lo conseguirás. Sólo te ahogarás y te llevarás a tu propio abismo sin ver por fin la luz.


Mejor busca las mil razones no del porqué estás sola o solo, si no del porque no deberías estar así. Búscate a ti mismo, a ti misma, encuéntrate, disfrútate, tócate, ve lo bella, hermoso, que eres por fuera, y disfruta sin preocuparte en buscar soluciones a lo irreparable.

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